Profecías del fin del mundo
Autobiografía de Ana Catalina Emmerick –
Capítulo I
SU INFANCIA, SUS DONES EXTRAORDINARIOS
Excepcional mística cristiana
Tras la apariencia de una monja sencilla, en Ana Catalina Emmerick (Coesfeld, 1774 – Dullmen, 1824) se esconde una de las grandes místicas católicas de los últimos siglos.
Desde su más tierna infancia, fue un alma de excepcional bondad, devoción y pureza. Su vida y su legado iluminarán por siglos al cristianismo y a toda la humanidad.
El escritor francés Léon Bloy dijo «Si el libro “Vida de Ana Catalina Emmerick”, escrito por el padre Schmoeger, fuera leído por veinte personas en cada diócesis, Dios cambiaría la faz del mundo”. Difícil resumir mejor el potencial del legado de esta extraordinaria monja agustina.
INTRODUCCIÓN
Conforme al plan con que ha sido concebida esta obra, publicamos las palabras de la venerable sierva de Dios, Ana Catalina Emmerick, copiadas principalmente por Clemente Brentano.
Comenzamos con la declaración hecha por Ana Catalina al revelar las razones por las cuales el Señor le concede estas visiones: le son dadas para ser consignadas y publicadas, a fin de que se descubran muchas cosas ignoradas, para mayor gloria de Dios y edificación de los fieles.
Ana Catalina cuenta su bautismo, celebrado el mismo día de su nacimiento, por gracia especial coincidente con la natividad de la Virgen Santísima. Relata diversos cuadros de su infancia, con sencillez y lucidez encantadoras; todo lo que veía y hacía; cómo se le manifestaba el don de las visiones extáticas; los casos de bilocación y otras gracias extraordinarias recibidas de modo sobrenatural.
1. El Señor le manda comunicar sus visiones.
El 1º de enero de 1821, dijo la venerable sierva de Dios,
Sor Ana Catalina Emmerick:
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"Si quieres saber quien fue Ana Catalina esta excepcional mística cristiana puedes leer su autobiografia"
Profecías del fin del mundo
LA GRAN TRIBULACIÓN
LA ESCISIÓN DE LA IGLESIA
sacerdotes y algunos viejos franciscanos, que ya no portaban el hábito de su orden y sobre todo un eclesiástico muy anciano, llorar muy amargamente. Vi también algunos jóvenes llorar con ellos. (AA.III.161 )






